POR LOS POBRES DE ALGECIRAS (Y 6)

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                                         CRUELES MEDIDAS
                        ¿Morirán de hambre los pobres de Algeciras?
Hay cosas que parecen realmente increíbles, que se resisten a la conciencia antes de prestarles crédito de puro anómalas, de excesivamente dolorosas y que sin embargo, hay que creerlas por ser de aplastante realidad. Y una de ellas, es la que vamos a referir y de la que sucintamente, dimos ayer cuenta a nuestros lectores.

          La noticia en sí, escueta, tal como la facilitamos, tal como es, está llena de amargura.

          Por la Junta de Protección a la Infancia y Represión de la Mendicidad, visto el estado precario en que se encuentra dicha entidad debido a la falta de ingresos relativamente crecidos que le han sido negados de buenas a primeras, desde el día 16 se dio la orden desgarradora de suprimir el café y el pan que a diario, se les facilitaba a los pobres del Asilo de Ancianos.

          No es que seamos puritanos, ni que nos agrade lamentarnos por cursi sentimentalismo como para justificar su contraria opinión pudiera decir alguien; es que nos rebelamos ante tamaña iniquidad, que iniquidad y grande es la que con esos infelices se hace. Es que no podemos callar ante la escandalosa y cruel medida que niega a los más olvidados, a los más desvalidos, una verdadera miseria como es un mal vaso de café y unos mendrugos de pan.

          ¿Qué es pues lo que sucede en Algeciras, el pueblo hasta ahora modelo en caridad bien ordenada, el pueblo de aspiraciones, para que a semejante situación se llegue? ¿Es que no hay sentimientos en la opinión para que como una sola voluntad, se erija y proteste de tal ignominia?
¿Es que ya no queda un corazón bueno que arroje unas mezquinas cantidades siquiera, a favor de la desgracia? ¿Es que este pueblo ha de continuar con esa indiferencia, cruzado de brazos, digámoslo así, sin que se le agite el alma al ver el extremo que ha tocado la hermosa institución, que con tantos desvelos e interés para orgullo y satisfacción de todos fue creada?

          ¿Es que no se le ha de dar cumplimiento a las órdenes recientemente publicadas por el Ministro de la Gobernación, de que se protejan las instituciones benéficas, aplicándoles todos los productos que les pertenecen y los que por buenas voluntades les fueron donados? ¿En qué siglo vivimos entonces, si no se ve el espíritu de esta letra?

          No, de ninguna manera. Algeciras debe seguir la ruta emprendida hacia el progreso y defenderse de cuanto se interponga a su paso. Algeciras debe aprestarse a que no prevalezca este estado de miseria y evitar, cueste lo que cueste, que se vea realizada la amenaza de tener de nuevo la mendicidad en las calles, como ya se presiente. ¿Quién puede matar tan sagrada institución, mientras quede un espíritu noble?

          Algeciras no puede ni debe ser tan cobarde que le falten arrestos para tornar las cosas a su justo estado y devolver su elemento de vida a la Junta que coloca en preminente lugar su bien conquistado prestigio.

          Y como en modo alguno podemos tolerar que haya pobres que mueran de hambre mientras existan medios de evitarlo. Nuestra voz, humilde si se quiere pero vigorosa y continua, se oirá en las esferas que deba oírse, para ver si de esta suerte no se llega al trance que rechaza la conciencia y el más hidalgo impulso del corazón.

                                     EL CRONISTA, 18 de Diciembre de 1915.

POR LOS POBRES DE ALGECIRAS (5)

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                         LA JUSTICIA RESOLVERÁ EL SENSACIONAL
                    ASUNTO DE LA TESTAMENTARÍA DEL SR. BÁLSAMO

          Como en nuestra campaña a favor de los pobres de Algeciras, lo mismo que en cuantas emprendemos, no nos guía más que el ver resplandecer la equidad y la justicia, única satisfacción que debe experimentar toda persona honrada y caballerosa, consignamos que nos agrada saber que el importantísimo asunto de la testamentaría del señor Bálsamo ha pasado, para conocer de él y resolver lo que proceda, a la digna autoridad del señor Juez de Instrucción D. Eusebio Manteola, quien por su reconocido y alto espíritu de rectitud y justicia, es la mejor garantía del triunfo de los derechos que en beneficio de los menesterosos, tenemos solicitados. Ese es pues nuestro único objetivo y lo hemos conseguido.

             Lo que sí nos molesta, es que haya quien quiera atribuirse una gloria que radica precisamente en el sagrado derecho que hemos defendido, ya que en sus propias fuerzas de lógica y razón se halla el único secreto del triunfo.

             Todo ciudadano está en el deber de denunciar infracciones, pero la misión de la prensa es, antes de ello, hacer clara exposición del asunto para que divulgado éste, sea de dominio público hasta el último detalle.

             Quédese a un lado la vanidad de la victoria, ya que el objetivo era sólo defender al desvalido y no buscar el efectismo. Pero lo que no puede olvidarse es que, desligado de la acción recta y noble que judicialmente ha de ejercerse, se presenta un punto grave que ya tenemos apuntado y que no puede quedar sin resolver. Ello es que no prevalezca la Real Orden en virtud de la cual, quieren trasladar dichos bienes a nombre de la Junta de beneficencia y Patronato de Cádiz. Esto no puede ser y a ello irá encaminada ahora nuestra labor.
                                                         EL CRONISTA

 

                                           SUMA Y SIGUE

           Por humanidad, apoyado incondicionalmente por mis distinguidos compañeros, inauguré en las columnas de este periódico una honrosa campaña a favor de la enferma Junta Local de Protección a la Infancia y Represión de la Mendicidad de Algeciras. En el escandaloso asunto de la testamentaría de Bálsamo, caso accidental de esta noble defensa – que se me ofreció tocar ayer, puesto que tan directamente afecta a dicha Junta – termino el período de pruebas porque un ciudadano, cumpliendo con sus deberes de ciudadanía ha dejado esta historia en la mesa del Juzgado de Instrucción de este Partido, anticipándose a lo que más bonitamente pensaba hacer el concejal señor Estero, llevando tres pobres a dicho tribunal y que no hizo antes, para que la Prensa cumpliese con sus deberes informativos.

             Puestas las cosas en ese terreno jurídico, estando el asunto denunciado al dignísimo Juez señor Manteola, ejemplo de ecuanimidad, sólo me resta hacer público que no dudo se obrará con la más estricta justicia y… que aparecerá la capa; pero no quiere decir esto que doy por terminada la empresa que he emprendido a beneficio de la repetida Junta Local de Protección a la Infancia y Represión de la Mendicidad de Algeciras, ni que han de quedar en las sombras los manipuladores de la célebre testamentaría de Bálsamo, a quienes el público tiene que conocer para que este respetabilísimo deshaga la paradoja de esta divertida sociedad, que a los malos tiene por santos varones y juzga pillines, quizás por sus debilidades pueriles, a los que precisamente comen por obra y gracia de la Misericordia divina, después de haberse roto los ojos en continuas y penosas elucubraciones.
                                                               FRANCISCO SALAS.
                                            TRISTE MEDIDA

          La Junta de Protección a la Infancia y Represión de la Mendicidad, en vista de los escasos recursos con que en la actualidad cuenta, ha tenido que adoptar la triste, la dolorosa medida de suprimir desde ayer, el café y el pan que de desayuno servía a los pobres de Algeciras.

          Lástima que haya llegado a este estado tan honrosa institución.

          Prometemos dedicarle al asunto el interés que merece.
EL CRONISTA.   17 de Diciembre de 1915

 

 

Por los pobres de Algeciras (4)

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                OPINIONES PÚBLICAS SOBRE EL SENSACIONAL

              ASUNTO DE LA TESTAMENTARÍA DEL SR. BÁLSAMO

          Antes de resumir y concretar nuestra campaña, queremos dar a conocer las opiniones públicas que por medio de escritos se nos remitan y que como los siguientes, vengan inspirados en los principios de nobleza y justicia.

          Lo que sí advertimos es nuestro firme propósito de no desmayar un punto, hasta que aclarado todo, marchen las cosas por su verdadero cauce y gocen los pobres de Algeciras de los derechos que les pertenecen.

                                         HÁGASE LA LUZ

          Para escribir este segundo articulejo de la honrada y justísima defensa que hago a la Junta de Protección a la Infancia y Represión de la Mendicidad, esperaba ver la activa parte que en ella tomaban algunos periódicos de la localidad; y como me presumía, todos, salvando distancias políticas, animados por un interés común, preséntanse unánimes y de acuerdo en la noble obra que se ha emprendido a favor de los pobres de Algeciras.

          También yo voy a echar mi cuarto a espadas en el ya famoso asunto de la testamentaría de Bálsamo, que tan directamente afecta a la citada Junta. La historia es bastante interesante y ya la saben hasta los chicos de las escuelas. Sin que sea preciso citar fechas, dícese que don Agustín Bálsamo y Cabrera, vecino que fue de Algeciras, falleció en la misma, bajo testamento que debe estar protocolado en la Notaría de D. José Jiménez Prieto o en el Archivo General – si ya han pasado treinta años desde la muerte del testador – bajo la custodia de dicho funcionario, por ser el más antiguo. El señor Bálsamo, hombre de elevados sentimientos, instituyó heredera universal de todos sus bienes, derechos y acciones, con la cualidad de usufructo, a su amada esposa doña Dolores Fernández y Fernández y ocurrido el fallecimiento de ésta, pasarían dichos bienes en usufructo también a la prima, de tres, que la sobreviviera, que lo fue doña Cristina Cabrera; y al óbito de ésta, las rentas de dicho capital serían íntegras para los pobres, que esa fue la última voluntad del finado.

          Echando a un lado el ganado y un negocio de curtidos en Tánger – ganado que había que vender para comprar fincas – legó el filantrópico y caritativo señor Bálsamo para tan humanitarios fines, el cortijo del Calvario, el huerto del Cañuelo, otro en el Acebuchal, tierras en la Piñera y seis fincas más urbanas, todas en Algeciras y su término municipal, alguna de dichas casas con diecisiete vecinos; y con un líquido imponible en los amillaramientos que eriza los cabellos y hace brotar la protesta.

          Hace seis años que murió la última heredera usufructuaria, doña Cristina Cabrera, siendo su administrador el ya fallecido don Juan Ríos de la Vega, depositario que fue de este Excmo. Ayuntamiento. Suponiendo que las sagradas y respetables rentas de ese capital, tirando por lo bajo importen diez mil pesetas al año, por seis, si Pitágoras no miente, hacen un total de sesenta mil pesetas, o X pesetas limpias de polvo y paja, que legítimamente corresponden a los pobres de Algeciras, ahora con más razón que nunca, por hallarse enferma de suma gravedad la Junta de Protección a la Infancia y Represión de la Mendicidad. Y yo pregunto también: ¿Quién es el administrador actual de dichos bienes? ¿Quién cobra esas rentas? ¿Adónde está ese capital acumulado? ¿Se ha cumplido con lo preceptuado en el artículo 749 del Código Civil? Debe contestarse, para que no extienda sus vuelos la maledicencia.

          Con lo dicho en este asunto basta; pero cuando encuentre los preciosos datos que estoy buscando, hablaré más claro y más alto en nombre de los desvalidos; lanzaré un enérgico y abrumador yo acuso, agitando violentamente el estandarte de la razón, a la cabeza de las invencibles huestes del derecho.
                                                     Francisco Salas.

                                 El Cronista, 16 de Diciembre de 1915

 

Por los pobres de Algeciras (3)

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                     CONFERENCIA IMPORTANTE

          Deseoso este periódico de aportar mayores datos a la campaña emprendida a favor de los derechos que asisten a los pobres de Algeciras, fue comisionado uno de nuestros redactores para conferenciar con el abogado Sr. Infante y conocer su opinión respecto a tan nebuloso asunto. Y en efecto, el Sr. Infante, deferente a nuestro periódico y a ser uno de los que más se han preocupado por la detentación de dichos bienes, accedió gustosamente a nuestra pretensión y nos expuso lo siguiente, que procuramos reflejar con la mayor exactitud.

          > El asunto de los bienes de Bálsamo están detentados por la cobardía de unos y la ignorancia de muchos. Es un error involucrar esta herencia a favor de los pobres, con la Beneficencia oficial, con la Hacienda, con la Diputación y con el Ayuntamiento como muchos lo hacen, pues nada tienen que ver con ello. En este caso, los pobres de Algeciras son un heredero, como lo pudo haber sido un particular. F. de T. (fulano de tal) con los mismos derechos y obligaciones, ni más ni menos. La única diferencia está en que, como al nombrar heredero a los pobres de Algeciras no se determina persona, ninguno de los pobres por sí, como persona, puede ejercitar derecho de heredero, toda vez que el heredero es la colectividad pobres. Y por lo mismo, el testador, por sus propios conocimiento o asesorado, designó las personas que habían de regir, administrar, clasificar los pobres y distribuir entre los llamados las rentas y aun la totalidad de los bienes. Si al morir la última usufructuaria señora Cabrera le hubiese sobrevivido alguno de los designados por Bálsamo para ejecutar y cumplir su voluntad testamentaria, éstos, sin intervención de nadie, con absoluta libertad, hubiesen ocupado esos bienes; es más, en mi opinión, sin que nadie pudiera pedirles cuentas ni de la administración, ni de la clasificación de pobres, ni de la distribución de las rentas y totalidad de los bienes. Pues bien, fallecidos en aquel entonces los designados por Bálsamo, suple aquella falta de personas el artículo 749 del Código Civil, designando las autoridades que han de suplir la falta de albaceas y ejecutores testamentarios con una Junta compuesta del Párroco, del Juez Municipal y del Alcalde, con las mismas atribuciones y con la misma amplitud de derechos que debieron gozar las personas designadas por Bálsamo y fallecidas antes que la usufructuaria señora Cabrera. En su consecuencia, la Junta dentro de sus legítimas atribuciones, debió en aquel entonces y así mismo lo puede hacer hoy, ocupar los bienes, solicitar la inscripción en el Registro de la Propiedad de dichos bienes en nombre de la Junta y a favor de los pobres y administrarlos, dando cumplimiento a la voluntad del testador. Y puedo asegurar a usted que si yo estoy entonces de Juez Municipal, así se hubiera hecho, pues si el señor Cura, por cualquier circunstancia no hubiese convocado a las otras autoridades a constituir la Junta, yo como Juez lo hubiese hecho. Y si, como no era de esperar, los señores que desempeñaban aquellos cargos no concurrían o abandonaban sus deberes, hubiera recurrido en queja al Diocesano y al Gobernador de la provincia para que hubieran hecho cumplir a sus subalternos. Y si esta queja no hubiese dado el resultado apetecido, la hubiera hecho constar en un Acta y convoco a Junta al Teniente Cura y al Teniente Alcalde. Pero en fin, como esto no era posible, debemos partir de que a la convocatoria de cualquiera de las tres autoridades se hubiese constituido la Junta y hubiera cumplido con su deber, como posteriormente y hoy y siempre, puede y debe hacerlo y arrancar esos bienes y rentas devengadas de manos de quien tan arbitrariamente los detiene en su poder y a la sombra de los Alcaldes que se han venido sucediendo, puesto que radica la administración indebidamente en una dependencia del Ayuntamiento, sin que los pobres hayan disfrutado un céntimo, en los seis u ocho años de rentas devengadas.

          > ¿Cree usted que la Junta debe proceder a la venta de esos bienes y repartirlo a los pobres?

          > Atribuciones tiene, pero yo aconsejaría se conservasen esos bienes que tan buena renta dan y, anualmente, distribuiría los productos líquidos entre los pobres clasificados, pues así anualmente, contarían con ese auxilio; y si se venden y se reparten, podríamos decir que habría sido satisfacción para hoy y hambre para mañana.

          > ¿Y quiénes serían los pobres llamados a disfrutar de esa renta?

          > Pues muy claro y sencillo. Como la Junta tiene amplias atribuciones, a ella corresponde considerar cuáles son los llamados a disfrutarlas, sin tener que atender más que a los dictados de su conciencia y, para ello, la honorabilidad que hay que suponer con fundamento en las tres autoridades de la mayor garantía. Pero además, si quieren asesorarse para la mayor fidelidad en el cumplimiento de la voluntad del testador, muy fácil les es encontrar preceptos legales en la Ley XX, título III, Part. 6ª.

          > ¿Y si con cualquier excusa o pretexto se negaran en la dependencia del Ayuntamiento a entregar esos bienes a la Junta?

          > Todo pudiera suceder, pero en este caso la Junta obraría como un particular cualquiera a quienes le detentan o arrebatan sus bienes: acudirían al Juzgado con la oportuna demanda; y el Juzgado por lo pronto, arrancaría esos bienes de manos de los detentadores y los pondría en administración judicial, ínterin se sustanciaba y resolvía la demanda, pues repito a usted que la Junta tiene la misma personalidad que tiene determinada persona llamada a una herencia. Hay más, han sido ignorantes hasta los mismos arrendatarios de los bienes, pues si cualquiera de ellos o todos juntos hubiesen sido listos, nunca jamás desde que murió la señora Cabrera, hubieran pagado las rentas anuales a los Depositarios del Ayuntamiento y hubiesen venido disfrutando la retención de esas rentas hasta que la Junta se las hubiera reclamado.

          > ¿Y cómo es eso?

          > Pues muy sencillo. Porque nunca se hubiesen determinado los detentadores, ni a reclamarles judicialmente las rentas, ni menos a desahuciarlos por falta de pago ni por ninguna otra causa. Y si tal atrevimiento tendrían, con que los demandados hubiesen excepcionado la falta de personalidad en el demandante, no sólo hubiese fracasado la demanda, sino que se hubiera puesto en descubierto lo anómalo de su administración. Y entonces, con depositar las rentas debidas y solicitar en el Juzgado que se requiriese y entregase a la Junta, hubiera sido la manera de cortar esas garras y que los pobres hubieran percibido lo que tan legítimamente les corresponde.

          > Entonces, ¿opina usted bien de la desinteresada campaña iniciada por el señor Estero y secundada por “El Cronista”?

          > Tan me parece bien, que aplaudo su iniciativa y su valor cívico al afrontar el encono de los que ya no tienen más remedio que apearse del machito. El señor Estero y “El Cronista” no sólo han demostrado su buena voluntad, sino que han conseguido interesar a la opinión en este asunto y sobre todo, han dado lugar a que ya la Junta no pueda seguir con los brazos cruzados, pues de hacerlo, demostraría lo que nadie esperamos, que es que olviden sus deberes.

          > Agradezco a usted la amable atención que me ha dispensado y le doy las gracias en nombre de mi periódico, por los términos tan claros y precisos con que me ha expuesto su opinión y sólo falta que muchos le imiten y ayuden, como usted lo ha hecho, secundando las iniciativas del señor Estero. Y sobre todo, gracias en nombre de los pobres.

          Hemos procurado reflejar con exactitud estas contestaciones y tenemos la seguridad de que inmediatamente, producirán los frutos que nos hemos propuesto.

                     El Cronista.  15 de Diciembre de 1915

Por los pobres de algeciras (2)

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HISTORIA SENSACIONAL – LOS ERRORES DE UN AYUNTAMIENTO –

             – BIENES QUE SE INTENTAN TRASLADAR DE ALGECIRAS –

                    – ¿QUÉ SUCEDERÁ? –  ¡ALERTA ALGECIREÑOS! –

          No es ya sólo la voz de queja la que lanzamos al público ante el grave asunto que empezamos a defender; es la voz de alarma justificada, porque como eco a las preguntas que en estas mismas columnas dirigimos en la demanda más noble, más caballerosa que puede registrarse, hemos hallado el relato que a continuación hacemos y del que, según apreciará el claro juicio del lector, se desprenden graves cosas, producto de errores o de torcidas voluntades, pero trascendentales todas y todas de vital importancia, cuya reparación e inaplazable arreglo exige de las personas hidalgas y desprendidas, el esfuerzo común y decisivo.

          Sin perjuicio de los comentarios que hemos de agregar, he aquí por lo pronto, sucintamente y ajustadas a la verdad como obtenidas de puras fuentes, la historia del comentadísimo testamento del señor Bálsamo y el estado actual de este asunto. Oigan los algecireños:

Don Agustín Bálsamo Cabrera, fallecido en esta ciudad, dejó sus bienes en usufructo a su esposa Doña Dolores Fernández y Fernández. Por falta de ésta, a sus tres primas las hermanas Cabrera; y muerta la última de ellas, a los pobres de Algeciras, nombrando la última usufructuaria un administrador que rigiera el caudal y cuyo administrador, rendiría las cuentas correspondientes que debían ser examinadas y aprobadas por la Junta Municipal de este término.

          Fallecidos todos los herederos usufructuarios de D. Agustín Bálsamo Cabrera y también el administrador D. Juan Ríos de la Vega, nombrado por la última usufructuaria, recogió los bienes el Ayuntamiento de Algeciras, cuya Corporación Municipal SIN ATRIBUCIONES PARA ELLO, nombró para sustituir al finado administrador D. Juan Ríos de la Vega, al Depositario de dicho Ayuntamiento, quien careciendo de la personalidad jurídica necesaria, ha contratado el arrendamiento de las fincas rústicas y urbanas que constituyen el caudal de referencia y viene percibiendo las rentas de las mismas, sin que hasta la fecha haya rendido las cuentas justificadas correspondientes a la Junta Municipal de este término para su examen y aprobación COMO DISPUSO EN SU ÚLTIMA VOLUNTAD EL TESTADOR Don Agustín Bálsamo Cabrera.

          Así las cosas, el Ayuntamiento de Algeciras solicitó del Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación, que los bienes del señor Bálsamo Cabrera se pusieran a nombre de la Junta Local de Protección a la Infancia y Represión de la Mendicidad,

          El Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación, pidió informe a la Junta Provincial de Beneficencia de Cádiz, que lo elevó a la Superioridad en el sentido de que tratándose de un patronato huérfano de representación, la solicitud del Ayuntamiento de Algeciras y la gestión administrativa que venía siguiendo sobre el caudal expresado, pugnaban con la instrucción vigente y en virtud del expediente instruido, se dictó R.O. (Real Orden) clasificando como de beneficencia particular los repetidos bienes y concediendo su patronazgo a la Junta Provincial de Beneficencia de Cádiz, la cual dirigió oficio al Alcalde de Algeciras para que manifestase en qué consistía el caudal y la fecha en que estaba dispuesto a hacer la entrega del mismo.

          Desde el momento que la Corporación Municipal tuvo noticia oficial de la R.O. debió ejercitar las acciones procedentes en defensa de los pobres de Algeciras, para que dejándola sin efecto, el producto de los referidos bienes sirviera de beneficio a dichos menesterosos. Pero el Ayuntamiento no lo ha hecho así y lejos de cumplir sus deberes, ha consentido que sea firme la R.O. que da derecho a la Junta Provincial de beneficencia de Cádiz a incautarse de los bienes quedados al fallecimiento de D. Agustín Bálsamo Cabrera, cuya incautación está acordada ya por la Junta y notificada oficialmente al Ayuntamiento de Algeciras.

          En tal estado, el Ayuntamiento debe hacer lo siguiente:

          Solicitar del Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación que revoque y deje sin efecto la citada real disposición, para que pasen a los pobres de esta ciudad los bienes de D. Agustín Bálsamo en cumplimiento de su última voluntad.

          Que el depositario del Ayuntamiento, en su carácter de administrador de los expresados bienes, rinda las cuentas correspondientes de los mismos para examen y aprobación de la Junta Municipal de este término.

          Que se requiera a los herederos de D. Juan Ríos de la Vega para que con el objeto indicado de examen y aprobación, entreguen las cuentas de la administración ejercida por el repetido señor y el saldo que de ellas resulte a favor de los pobres de Algeciras.

          Y téngase bien entendido que no se trata de un patronato huérfano de representación, toda vez que del testamento del señor Agustín Bálsamo Cabrera, se consigna la expresa y terminante voluntad del mismo de que deja sus bienes en último término a los pobres de Algeciras. Y éstos, siempre tienen su representación.

          He aquí pues una historia en la que se ventila nada menos que el derecho a unos bienes sagrados y que por una buena alma, les fueron donados a los desvalidos de Algeciras.

          ¿Se dará el triste, el vergonzoso, el imperdonable caso de que por los ciudadanos se tolere tal estado de cosas? Veremos lo que dice el pueblo.

El Cronista –  14 de Diciembre de 1915.

Por los pobres de Algeciras (1)

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PREGUNTAS… SUELTAS

Como no estamos dispuestos en modo alguno a que los pobres de Algeciras queden por completo desamparados, celosos con nuestros deberes periodísticos, prometimos dedicarles la serie de artículos que su defensa requiere.

Hoy no podemos contener nuestro desagrado ante una serie de cosas que vienen sucediendo, a dar eco al rumor popular; y encabezamos la campaña dirigiendo a quien o quienes corresponda las siguientes preguntas:

¿Es cierto que en virtud del testamento del señor Bálsamo los pobres de Algeciras cuentan con determinado número de propiedades rústicas y urbanas?

¿Es cierto que entre las mismas figura con tal carácter el terreno conocido por “El Cerro del Mercado” o sea, desde el margen de la carretera Cádiz – Málaga frente a la fábrica de los señores Conte hasta el Paseo de Cristina?

¿Es igualmente cierto que en calidad de Administradora existe una Junta? Y si existe, ¿cuál ha sido y es actualmente su gestión?

¿Tiene derecho el pueblo a conocer por medio de su prensa del estado de cuentas que indudablemente la expresada Junta habrá rendido?

¿Podemos conocer qué renta `produce ese capital y forma en que se invierte entre los pobres?

Si el aludido terreno es de los pobres de Algeciras, ¿cómo se ha autorizado dentro de su radio la extracción de tierra que se rumorea ha sido efectuada por un particular contratista para llevarla a las obras del puerto?

¿Qué poderes tiene el Municipio para acotar un terreno y en gracia a qué Ley ha hecho la concesión del Pabellón Imperial, enclavado en ese terreno, que a ser verdad lo anterior pertenece a los pobres de Algeciras?

¿Quién cobra el canon de esa concesión? ¿Es el Municipio? ¿Es la testamentaría? ¿Son los pobres?

Todas estas preguntas que la opinión unánime se hace, creemos que serán debidamente respondidas para satisfacer deseos que son justos y procedentes. Para ello, quedan ofrecidas las páginas de este diario a cuantos señores se crean en el deber de responder, hallando en nosotros toda la hospitalidad que merece esta clase de asuntos, sin que en nada se les limite el pensamiento que quieran exponer y por nuestra parte, hacemos constar que no vacilaremos hasta que se aclaren los particulares que tratamos y sin alardes ni vanas pretensiones, afirmamos que sabremos cumplir nuestra obligación, defendiendo los derechos del pueblo.

Haremos pues, una campaña documentada y enérgica si a ello nos obligan y una vez más, pondremos de relieve nuestro ferviente anhelo de amparar al desvalido, sea quien sea, llámese como se llame.

El Cronista.  10 de Diciembre de 1915.

LA FUENTE DEL OBELISCO

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          Largo tiempo callada la fuente del obelisco, sus chorros cristalinos vuelven a sonar con la arrolladora melodía de una dulce canción. Igual que ayer, tras el paréntesis prolongado de años de silencio que han tenido el agridulce sabor de la vida escapada, sobre la tersa superficie del vetusto tazón, se desgranan las gotas cantarinas, las gotas plateadas por la luna y bruñidas por el sol, que hablan al alma llenándonos de nostalgia. 

          ¡Oh, qué arrebatadora sugestión la de esta música sencilla y alada,bajo el hechizo de la noche, de estas noches sosegadas llenas de encantamiento e incensadas por las auras primaverales!

          Es una hora amable que acaricia. El ambiente es benigno. Todo es quietud, reposo. El pueblo duerme y nada hay que turbe su silencio. Sólo una voz que llora o ríe, la voz de las aguas mansas de la vieja fuente, se escucha; y sus murmullos, centuplicados en poesía y sonoridad por el silencio, sirven de lenitivo a los que tienen sed de emociones, sed de algo mejor, de anhelos insaciables.

          Pero he dicho que igual que ayer, suena la cantinela del agua y creo haberme equivocado. No, no suena de idéntico modo; al menos, no se vierten sus sonidos en las interioridades del alma con igual blandura, con deleite igual al de aquellos días…

          Entonces, cuando regresábamos del teatro – el clausurado coliseo que sólo dos o tres veces al año visitábamos – al atravesar la Plaza sujetos por las veneradas manos de nuestros padres, íbamos contentos. ¡Éramos chiquillos y quién en los cortos años no vive feliz!

          Nuestras imaginaciones estaban llenas de juguetes. Pensábamos que al día siguiente, al salir de la escuela, correríamos hacia el obelisco para arrojar sobre sus aguas de verdoso fondo barquitos de papel, esos barquichuelos que se deshacían pronto, de la misma manera que ahora se nos deshacen los blancos barcos de las ilusiones. 

          Hoy, siendo hermanos los sonidos, idénticos los murmullos, sintiéndose tan altamente poéticos bajo la quietud de la noche, no suenan sin embargo lo mismo.

          Al cruzar la Plaza, llevamos en la mente preocupaciones que torturan. Miramos en derredor para esquivar el encuentro con la figura de algún conocido que nos es antipático porque nos hizo traición. Pensamos en el mañana que no es alegre como antes, sino por el contrario, amargo y doloroso. Tendemos la mirada hacia los años que se deslizaron y comprendemos que en el laborar, hemos dejado parte de nuestro cuerpo, algo de nuestro vigor, trizas de nuestra piel, sudor de nuestras frentes y latidos de nuestros corazones que en vano tuvieron aspiraciones y fueron buenos.

          Por eso, al escuchar el agua que se quiebra, al sentir el blando modular de sus gotas cayendo por las bocas de esas desfiguradas cabezas de leones, sentimos inexpresable sensación de tristeza y nostalgia.

          Cursilería, si así se antoja. Yo lo llamaría sentimiento, análisis del espíritu que estérilmente se empeña en abordar la orilla que perdimos, arrastrados por el irresistible poder de las corrientes del Destino.

                                            Juan PEREZ ARRIETE.

                                            Marzo de 1.915

 

Becerrada pro damnificados del Variedades

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Se celebró el 23 del actual. En nuestro circo taurino, por supuesto. ¡Es un detalle!… Fue presidida, hábilmente, por las bellísimas y distinguidas señoritas María Muñoz-Cobo, hija de la primera autoridad del Campo de Gibraltar; Leonor Ruggerone, gentilísima mexicana; Magdalena Benavente, hija del señor Comandante de Marina y María Coterillo, hermana de nuestro queridísimo amigo y antiguo compañero Manolito Coterillo. ¡Vaya una presidencia estallante de vida y hermosura! ¡Vaya, vaya una presidencia más bella que la luz del firmamento!…

El primer espada y director de lidia Pepe Román, notable aficionado, autor de “La España ignorada”, ingenioso caricaturista, popularísimo en Algeciras su pueblo natal, donde goza de generales y merecidas simpatías, brindó la muerte del primer becerro, único que mató, a aquellas saladísimas damas y entre otras cosas, dijo: ¡Brindo por las flores naturales que ocupan la presidencia!… ¡Olé, olé y requeteolé!…

Efectivamente, el balconcillo de la presidencia figuraba una canastilla de flores. Y flores naturales son las cuatro lindísimas sañoritas que presidieron. A ellas les tributamos la primera ovación de la tarde, al asomarse al palco con puntualidad sajona. Y fue aquella manifestación de entusiasmo y simpatía como un homenaje que públicamente rendíamos a la belleza, garbo, donaire y elegancia, acentuada con el marco de las clásicas mantillas españolas. ¡El Señor os bendiga!

La segunda ovación, justísima, unánime, fue para el amigo Román, que tumbó al bicho de Don Juan Duarte, de Vejer como los restantes, de una soberbia y magistral media estocada, previa faena de muleta lucida y breve.

¡Muy bien! ¡Bravo! ¡Buen torero!

¡No se puede hacer mejor!

¡Vaya mi aplauso sincero!

¡Choque usted, gran escritor!

¡Ah, si le viese “El Barquero”!…

Toreando de capa estuvo acertado, rematando algunos lances con arte y guapeza, como mandan los textos. Colocó dos magníficos pares de banderillas y recibió de la presidencia el consabido “cadeau”

La muerte del tercer torete estuvo a cargo del simpático José Vecino, que era el segundo matador por cesión voluntaria que le hizo Román, dada la pequeñez del ganado presentado, quien lo despachó de un buen pinchazo, una estocada contraria de tanto atracarse y media superior, que mató, siendo muy aplaudido.

Pero donde Vecino estuvo a la altura de los maestros, fue en el segundo de la tarde, al que pasó de muleta parando mucho, con arte, vista y arrestos y en la hora suprema, atizó un sobresaliente pinchazo, seguido de una estocada delantera y un descomunal descabello a pulso, que puso al becerrote patas arriba. ¡Bravo, bravísimo! Colgó un excelente par de banderillas, toreó bien de capa y también recibió de la presidencia el correspondiente regalo.

En el segundo novillejo, ejecutó la suerte de Don Tancredo el aficionado sevillano José Huertas “Naranjito” saliéndole el asunto sin gloria ni vilipendio.

En el intermedio del segundo al tercer animalito se vendieron papeletas de una rifa de objetos, cuyos productos se destinan al mismo fin benéfico. La tarde espléndida, como de toros. El mujerío, quitando la cabeza.

La entrada no fue lo que se esperaba. ¿Sería por el precio?

La presidencia, ¡cómo no! acertadísima. De los profesionales, no digo ni media palabra y así van mejor despachados.

Mi aplauso entusiasta a los organizadores de la fiesta y muy especialmente a Pepe Román, sin cuyo valioso concurso, no se hubiese llevado a cabo tan lucida y rápidamente.

¿Y no habla usted del último eralito? ¿Quién pasaportó a ese animal?  Pues señor, los capitalistas se echaron al ruedo y yo me acordé de aquel verso que dice:

¿Quíén mató al Comendador?

“Fuenteovejuna”, señor

¿Y quién es Fuenteovejuna?

Todos a una.

                             El hombre misterioso.

                             El Cronista, 1912.

EL GRAN PROBLEMA

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El LÁBARO HISPANO. 28 DE MARZO DE 1920.

 

Justa censura

Con verdadera complacencia, he leído el patriótico artículo que publica en su anterior editorial este periódico, bajo el tema “Los intereses de Algeciras”.

Su autor, quizás por un exceso de modestia, no quiere dar a conocer su nombre pero manifiesta su elevado espíritu, que descubre su amor a nuestro pueblo.

Yo debo ante todo – y lo hago con sinceridad – aplaudir sin regateo – y conmigo los buenos algecireños – esa lamentación que tiene un fin noble.

El articulista deplora, con razón, la apatía ambiente. Censura la pasividad de los organismos que están llamados a ser centinelas avanzados en los asuntos que determinan el engrandecimiento de los pueblos. Tiene para cuantos deben preocuparse por los intereses locales, un reproche; y quien es como yo amante de su pueblo, lo menos que puede hacer es elogiar esas líneas y corroborarlas, ampliando la censura. Quien así escribe es un caballero, es un buen ciudadano.

Ciertamente Algeciras es digna de mejor suerte. Lo que tiene, no lo debe a sus hijos y aunque esto tiene su explicación, la verdad es única. Es una gracia de la situación y de las circunstancias, es una merced de las iniciativas que trajeron los aires de fuera. En cuanto a la culpabilidad, entren todos y el que pueda, se salve.

Justificación personal

Es verdad que en el artículo en cuestión, no se particulariza ni se señala personalidad, pero creo de necesidad salvarme de la crítica. Yo quiero demostrar que soy algecireño, que lo soy de abolengo en los fastos de los cariños legítimos y si esto es una inmodestia, lo pregono por gala. No están todavía amarillas las muchas páginas que torpes, desaliñadas, pero saturadas de hondo afecto, he consagrado a mi pueblo cantando sus infinitos encantos, la gracia sin par de sus mujeres agarenas, la serenidad de su cielo por lo alegre en eterna fiesta, la poesía de sus paisajes, la imponderable belleza de su bahía; méritos todos dignos de figurar en un país de abanico y, lo que es más esencial, de ser ensalzado por más galanas e inspiradas plumas.

No están viejos, no, los artículos que en abundancia he trazado, a veces censurando la negligencia de las fuerzas que rutinariamente se han dado en llamar “vivas” y que son, por desgracia, muertas; a veces, indicando remedios, señalando males, proponiendo reformas; siempre puestas las miras en anhelos de encauzar la vida de nuestra ciudad hacia las nuevas orientaciones de prosperidad y de progreso.

Aléjese sin embargo del ánimo del lector, la idea de que pretendo al hablar así, dar patente de valía a una labor que fue pobre no en el deseo, sino en la forma. No hice más que cumplir un principio fundamental de ciudadanía. Con ello, sólo trato de mi justificación personal. Ya lo dije antes: quiero salvarme, quiero no caer en las redes de la censura que tan acertadamente se esgrimió contra los apáticos, contra los negligentes.

Los buenos algecireños y el absurdo.

Algeciras ha tenido y tiene hijos meritísimos. Hijos que en su holocausto, han puesto todo el tesoro de sus iniciativas, el resultado de sus estudios, los frutos de su arte. Para ellos tengo mis respetos y mis alabanzas, mucho más cuando la labor de éstos, labor ardua, inspirada y grande, recoge como premio la indiferencia, que es evidente prueba de ingratitud. Y he aquí el absurdo, he aquí una terrible verdad, desconsoladora, increíble, pero verdad al fin: los que han valido y valen en Algeciras, los han anulado. ¿Por qué? Precisamente por la idiosincrasia ambiente.

La masa-pueblo en Algeciras, es insensible, es apática, es indolente. A lo sumo, cuando da una ligera señal de vida, es para censurar, pero no para censurar con elevados pensamientos, sino con la peor de las intenciones. Por eso no les preocupa la utilización de los servicios de sus hijos.

Aquí se elevan los que menos valen. Aquí se consideran “apóstoles” los que escogieron a Algeciras como granjería de sus ambiciones y personales lucros. El mundo es de los osados…

La sinceridad, obliga a hacer esta confesión dolorosa. Al hablar de esta suerte, tan descarnado, creo que cumplimos como patriotas. Sacudir el letargo morboso – del que se aprovechan los vividores – en que se encuentra un pueblo que no siente ansias de renovación, es peligroso, pero lo estimo digno y honrado. De ahí mi aplauso al autor del artículo antes referido.

El ferrocarril de la frontera a Algeciras y la Junta de Defensa.

Pero… es el caso que soy uno de los Secretarios de la Junta de Defensa de Algeciras, organismo creado por iniciativa de la Cámara de Comercio de esta ciudad, a la vista de uno de los más graves peligros que pudo caber a los futuros destinos de nuestro pueblo; y hay que hacer una aclaración.

Al ver envuelta en cierta censura – cortés, pero censura al fin y al cabo – un organismo que ha cumplido y está dispuesto a cumplir su cometido, me considero obligado a exteriorizar algo de su actuación.

Alma de esta Junta, es nuestro representante en Cortes D. José Luis de Torres. En merecido tributo a sus desvelos, hay que hacer constar que él fue quien primero anunció la posibilidad de un peligro en la suerte del trazado del ferrocarril directo de la frontera francesa a Algeciras, El fue quien alentó a la Junta, quien en representación de ella, llegó solícito a las gradas del trono.  El fue quien entregó el mensaje de constitución y de aspiraciones de la Junta a nuestro augusto Soberano. Y él fue finalmente, quien anunció la grata nueva de que el presunto peligro no existía, comprometiéndose a comunicarnos cualquier giro que fuese contrario y perjudicial a nuestros deseos.

Desde entonces acá, que sepamos, nada ha ocurrido. El proyecto del ferrocarril, del que la influencia extraña nos puede otorgar parte de sus beneficios, fue aprobado en el Senado. El Congreso, que tiene que discutirlo y aprobarlo en definitiva, no lo ha hecho aún, lo que no puede sorprender porque así son las cosas de nuestro país. 

Recientemente han circulado noticias alarmantes. El proyecto magno que en realidad tanto nos afecta, presumimos que podría ser objeto de modificación atentatoria a nuestros intereses. Y la Junta actuó. Ha tratado de conocer la realidad oficial de esos rumores y aún las gestiones no han dado el resultado apetecido.

Integrada la Junta por corto número de representaciones, ha sido ampliada, dando en ella cabida a otros elementos muy valiosos, que pueden aportar aún más fuerza. En este estado las cosas, creo que por parte de la Junta se ha hecho algo. Pero paralelamente a la gestión de esta Entidad, el pueblo debe prestar también su concurso y dar su dinero si es preciso, coadyuvando con entusiasmo y sin regateo de ningún género.

Lo grave de este asunto no está pues en la Junta, sino que cuando suena la hora de las realidades, cuando se precisa llevar a la práctica una misión transcendental, esos que están llamados a desvelarse, esos que pueden sacrificarse, no lo hacen y la población en general, sorda y egoísta, ni oye nada, ni da su dinero, ni le interesan los esplendores de Algeciras.

El sacrificio se impone.

Con lo anteriormente dicho, no quiero excusar a la Junta del trabajo y de la obligación moral que sobre ella pesa. Más que nunca se precisa su actuación, pero todavía de una manera más definitiva y eficaz.

Esta labor ha de hacerse en las altas esferas. La razón es clara. Si en nuestro país se atendiese con preferencia la utilidad general y no la particular, Algeciras no precisaba gestión. Algeciras se haría valer sin otra ayuda. La prueba la tenemos en el estudio preliminar del trazado.

Alguien que está por encima de las ambiciones – muy nobles, muy loables – de las distintas regiones que se disputan el paso triunfal del ferrocarril que traerá la evolución de nuestra España, señaló este puerto como uno de los principales puntos de destino del mismo. Y quien hizo el proyecto, docto en la materia, sabía que existían otros pueblos cercanos…

Creo que por esta vez, la utilidad general vencerá a la particular. Sin embargo, no por ello debemos dormir bajo los sortilegios de esta confianza; antes por el contrario, velar y defendernos con los medios legales a nuestro alcance; luchar con los argumentos de las poderosas razones de situación, de tecnicismo y, sobre todo, de conveniencia general que asiste a la ciudad que el hada de la buena suerte designó para futuras mayores glorias.

Este trabajo no lo ha de hacer el pueblo indiferente y poco conocedor de estos asuntos, sino la parte inteligente y avizora. Es un trabajo ingrato, para el que no habrá otra recompensa que la indiferencia y la ingratitud. Mas el sacrificio se impone, así nos lo exige la hidalguía, nuestras convicciones, nuestros sentimientos, que sabrán despreciar las miserias y rencillas.

Los intereses de Algeciras, son los de España entera.

Lo digo muy alto, lo digo ufano, despojado de ideas egoístas. Lo digo así porque estoy convencido de que es una verdad irrefutable, al menos tengo la pretensión de creerlo: Algeciras es el puerto ideal, al paso de dos grandes mares, de las rutas por donde surcan los modernos galeones, intensificando el intercambio comercial entre el viejo y el nuevo mundo.

África, la ensoñación de futuros emporios, hacia donde quiere volar el espíritu todavía vivo de nuestros aventureros, ofrece la seducción de un porvenir fructífero. ¡Que no en vano fue generosa la sangre de nuestros soldados! Ayer, la teníamos a dos horas escasas de navegación. Hoy, bastan diez minutos para alcanzarla. Que el viejo Icaro vendió a los aeronautas sus secretos, quizás para estropear los prolijos estudios de la Comisión Burgalesa de iniciativas ferroviarias… ¡que soñaba perforar el Estrecho con un túnel de 72 Kilómetros de largo, entrando por el Cabo de Trafalgar!

Si Algeciras progresa, no pocos serán los beneficios que se deriven a la vida nacional. Por otra parte la efectividad, el justo valor de la situación de Algeciras, no es una incógnita para las altas esferas del poder y menos para las de otras naciones, a quienes interesa también – y no poco – nuestro florecimiento.

El gran problema.

Mas no por ello, repito, hay que fiarlo todo a la buena ventura. Hay pueblos que trabajan febrilmente por arrebatarnos estos privilegios, No olvidadlo algecireños, hay pueblos que madrugan en estos afanes del destejer lo que ya está fijado. Y hay que afrontar de una vez el asunto para volver por los fueros de la razón. Hay que trabajar con entusiasmo de fanático para contrarrestar la labor que se hace sin duda al amparo, o cuando menos fiado de la debilidad de nuestros rectores. 

Es para Algeciras, para su porvenir, de vida o muerte el tema que actualmente se ventila. Y pensad que el problema, es por consiguiente el más grande, el más esencial que se le presenta. Si no trabajamos, si no nos unimos en esta comunión de ideas, de intereses y de aspiraciones; si toleramos que la indiferencia y la apatía consuman al pueblo; si se regatea la ayuda tan amplia y espléndida como precise, seremos unos suicidas, unos verdaderos cobardes.

 

Juan PEREZ ARRIETE.

 

 

 

EL CORAZON DEL EMPERADOR

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En las altas esferas de su reino, en su real palacio, en las soberbias moradas de sus cortesanos, la noticia se acoge con señaladas muestras de afectado disgusto.

Corren por los salones los comentarios; se susurra en las camarillas la fatídica nueva y todo parece que se descentra, todo parece que tiembla a la sola idea de que el Emperador, la figura férrea del titán, pueda esfumarse cuando, con su silueta, se espera llenar de gloria el cuadro más epopéyico de la Historia.

El Emperador está enfermo, siente dolorido su corazón, se muere… ¿Qué pasará, pues, si el coloso sucumbe? ¿Cómo podrán marchar los destinos del pueblo, del gran pueblo que él, con su inteligencia, con su tenacidad y voluntad inquebrantables formara, si el gusanillo de la muerte picara sus egregias carnes?

La idea aterra; llena de espanto;, sacude al país que se rebela y protesta, ahora más que nunca, contra esa ley inexorable y tiránica de lo supraterrenal, que pudiera en un instante aniquilar la testa coronada, al Emperador, el ídolo representativo de sus fuerzas y de sus anhelos.

Y ved – ¡oh ironía y paradoja eterna de la vida! – cómo la soberanía se abate, se doblega y perece bajo la garra microscópica de un miserable bacilo. 

¿Cómo puede sentirse enfermo del dolor del crimen universal, si estaba este corazón templado para ello? ¿Acaso no fue el Emperador, soberbio y grave, quien afiló la espada, quien la descargó, despiadado, sobre la humanidad entera? Si su alma tenía frialdad de hielo y su corazón dureza de acero, si todo en él acusaba poderío, ¿cómo sentirse desmayado y cómo decaer? ¿Es posible que un vil gusano tenga la osadía de devorar la soberana personalidad del olímpico, del orgulloso fantasma de los pueblos?

No. El corazón del hombre que arrojó a sus hermanos a la violencia del combate; el corazón del que sembró el terror en las almas y el luto por doquier; el que llevó la miseria y el hambre a los hogares; el que arrasó los fértiles campos, regándolos con sangre generosa e inocente; el que reía ante el trágico poema que elevaban al cielo las ciudades incendiadas, no puede ser víctima de una enfermedad corriente y sencilla como los demás seres vulgares, no puede sucumbir, no, por la razón sencilla de que ese corazón no existe. Y si existe, es como símbolo inmenso de todo un Imperio, que en vez de tener fibra sensible y sentimentalismo propio de un elevado espíritu, tiene movimiento mecánico, la frialdad de la nieve, la dureza del hierro…

Nos dicen que el corazón del Emperador está enfermo, que dejará de latir. ¿Quién lo creería? Nadie.

Ese corazón despiadado, murió cuando cayó el primer soldado, cuando la primera madre sintió las lágrimas surcar por sus mejillas, cuando el primer rapaz pidió pan y no lo halló…

                                                  Juan PEREZ ARRIETE

                                                   El Cronista, Noviembre de 1914.